
La pandemia mundial vinculada al Covid 19 ha paralizado el planeta. En todas partes se están tomando medidas de contención. La vida diaria de todos debe adaptarse y la forma de operar de las organizaciones debe reinventarse. Para superar esta etapa difícil y a veces hasta dolorosa, tomamos conciencia de la importancia de la fraternidad y de la calidad de las relaciones con uno mismo y con los demás para mantener el rumbo de la esperanza. Más allá de experimentar nuevas formas de trabajo y de relación a distancia, Fondacio ha optado por hacer de este tiempo de recogimiento y confinamiento un tiempo de retirada y apertura, para pasar del Covid al CoVivre. El desafío es escuchar personal y colectivamente las invitaciones a reinventarnos y a profundizar nuestra vocación de construir de manera más comprometida lo que algunos han llamado el “mundo después”. A nivel internacional, deseamos conectar nuestros impulsos, dejarnos interpelar por los llamados urgentes del mundo para construir un mundo más humano y más justo. Éste es el sentido del Camino CoVivre “Desde Pascua hasta Pentecostés, unamos nuestro entusiasmo para ser fermentos activos de esperanza para el mundo” del que, a mitad de camino, entregamos aquí algunos elementos y que se pretende vivir ampliamente.
La pandemia provocada por el Covid-19 está afectando a todos los países, en distintos grados. Se están tomando medidas de contención sin precedentes y se están produciendo cambios profundos en nuestro estilo de vida. Es un momento doloroso para muchos: enfermedad, aislamiento, condiciones de vida difíciles, ...
En el seno de Fondacio, muchas actividades (fraternidades de intercambio, encuentros comunitarios, sesiones de formación) e incluso grandes eventos como el Festival Fondacio Francia 2020 previsto en Angers a principios de mayo, tuvieron que ser suspendidos, cancelados o pospuestos. Muchos proyectos sociales en todos los continentes también están paralizados, con consecuencias muy directas para todos sus beneficiarios. Los escenarios para la reanudación de ciertas actividades siguen siendo muy inciertos. La inseguridad es personal y debilita muchos proyectos.
En medio de esta crisis global, rápidamente nos dimos cuenta de la oportunidad y la importancia de estar conectados, de poder conectarnos entre nosotros y de recordarnos la fuerza de una comunidad única y diversa, comprometida en el corazón de los desafíos del mundo. Transformar este tiempo de retiro y confinamiento en un tiempo de retiro espiritual y apertura se ha hecho evidente para pasar del Covid al CoVivre.
Así, en pocos días se puso en marcha el Curso CoVivre para vivir un retiro espiritual, internacional, personal y comunitario, para escuchar los llamados a reinventarnos y profundizar en nuestra vocación de construir un mundo más humano, más justo, más ecológico.
“De Pascua a Pentecostés”, unamos nuestros entusiasmos
"Ser fermentos activos de esperanza para el mundo"
Este recorrido se desarrolla durante el tiempo Pascual, entre la fiesta de Pascua, cuando los cristianos celebramos la victoria de la Vida sobre la muerte, y el don del Espíritu Santo en Pentecostés que nos invita a comprometernos de manera audaz y decidida para servir a la humanidad. Propone tres “Conversaciones espirituales”, es decir un tiempo de meditación y reflexión personal en torno a algunos pasajes de la Biblia que hacen eco de nuestra realidad y un diálogo interior antes de compartir lo esencial en un pequeño grupo de intercambio que acoge las palabras de cada uno y se deja interpelar por lo que surge de esta “puesta en común”. »
En nuestra tradición, sabemos que leer los “signos de los tiempos” y discernir la novedad que hay que acoger en medio de situaciones difíciles pueden ser oportunidades de transformación para avanzar y salir fortalecidos. Hacerlo con pluralidad de perspectivas y con la participación de personas de distintos países es por tanto una oportunidad increíble.
Con gran agilidad, en pocos días se inscribieron en este Curso doscientas personas de veintitrés países diferentes. Se formaron entonces veinticinco pequeños grupos por idioma (inglés, español y francés) con al menos tres nacionalidades diferentes. Desde Francia, Chloé comparte con Rose Ann y Jason de Filipinas, Charles en Costa de Marfil, Annie de Malasia, Aleona con base en Laos, Thierry en Bélgica y Elena de Rumania. ¡Qué diversidad, qué riqueza!
Experimentamos alegría y comunión; Se forman lazos de amistad y experimentamos una gran familia humana conectada. Encontrarse con el otro en su experiencia y acogerlo en nuestras casas, aunque sea a través de una pantalla, es una forma de conectarnos entre nosotros, y al mismo tiempo descentralizarnos para entrar en la novedad de una realidad transfronteriza.
Estos primeros intercambios refuerzan esta conciencia: el amor es la clave del mundo. Estamos en un período de ruptura y radicalismo. Al atrevernos a conectarnos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo, se nos da la Esperanza como buena noticia. Cultivar una mirada positiva sobre la bondad y la belleza del mundo es una base esencial para afrontar con lucidez sus injusticias y convertirnos, juntos, en agentes de cambio, con lo que somos y nuestros talentos hoy, sin esperar a estar completamente preparados para actuar y encontrar nuevas respuestas a los desafíos de nuestro tiempo.
Ser fuente de esperanza para el mundo de hoy es construir alianzas con otros para reconectar al hombre con su sed de infinito y con la conciencia de sus propios límites para servir a la humanidad y salvaguardar nuestra casa común, el ambiente en el que vivimos y que queremos legar a las generaciones futuras. Es con humildad que avanzamos, porque sabemos que abandonar la comodidad de nuestras costumbres para construir un “mundo después” verdaderamente diferente se topará con nuestras dificultades de desprendimiento y con nuestro egoísmo. Nuestra fe nos consuela el hecho de que no estamos solos en este viaje; Esta es nuestra esperanza, esencial para emprender...
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