Todos hermanos: la Iglesia y la política.

Comunidad - ESPIRITUAL

¿Puede la Iglesia intervenir en el campo político? La cuestión surge periódicamente en los debates. Desde la publicación de la encíclica del Papa Francisco, de la que hablé en este canal el lunes pasado, el debate ha tomado un cariz animado.

Ciertamente, la vida cristiana se nutre de la Misa dominical y las actividades parroquiales son necesarias para la vida de la Iglesia, pero si pensáramos que podemos confinarnos en ellas y darnos la conciencia tranquila, el desafío de la encíclica “Hermanos todos” puede sonarnos. Porque comprometerse en el ámbito político, como ciudadano activo, es parte de nuestra vocación; Frente a las crisis de nuestras sociedades, somos seres políticos llamados a tomar posición y actuar. El Evangelio da la luz de Dios: «Vosotros sois la luz del mundo», dice Jesús a sus discípulos (Mt 5,14). Esta declaración arroja luz sobre la política como un servicio a la buena convivencia en el que todos deben participar. En esta definición estamos lejos de las luchas partidistas a las que a menudo se reduce la política. Todos somos responsables de ello. De hecho, la tentación del poder exacerbado o la sed de dominación pueden estar latentes o expresarse en cada uno de nosotros. También aquí necesitamos la luz de Dios para aclararnos.


Podemos escuchar claramente, en las palabras del título “ Todos hermanos” de la encíclica, su razón de ser: la llamada a vivir el Evangelio de Jesús en medio del mundo. La encíclica puede inspirar la redacción y la puesta en práctica del bello lema de la República Francesa: “ Libertad, igualdad, fraternidad”. Sabemos bien que esta noble causa política es un desafío: libertad para tomar decisiones fruto del discernimiento comunitario e iluminadas por el Espíritu; igualdad ante la ley, y también en una justa redistribución de los bienes, especialmente para aquellos que carecen de medios para vivir con dignidad; Hermandad finalmente en nuestras relaciones, sin la cual no somos verdaderamente humanos. Al vivir de esta manera, ofrecemos nuestras manos al amor de Dios que vive en el mundo.


Así pues, sí, como señala el Papa, la fraternidad universal se ve obstaculizada por ciertas tendencias del mundo actual, “las sombras de un mundo cerrado”. Por ejemplo ; Los sueños y las acciones en pos de una Europa unida han tenido un claro éxito en las últimas décadas, sobre todo en lo que respecta a la paz en nuestro continente, y las promesas vinculadas a la Unión Europea siguen siendo vigentes. Pero, en general, hay signos de decadencia, dictados sobre todo por una lógica económica y financiera partidista y miope. El diagnóstico puede hacerse tanto a nivel de un grupo de países como a nivel de todo el Planeta: "mientras lo que sólo representa intereses particulares se disfraza de racionalidad [...] en esta cultura que estamos desarrollando, una cultura vacía, obsesionada por los resultados inmediatos y carente de un proyecto común, "es previsible que, frente al agotamiento de ciertos recursos, se vaya creando poco a poco un escenario favorable a nuevas guerras, disfrazadas de reivindicaciones nobles" (Todos Hermanos, § 17).


Frente a un mundo donde la dimensión comunitaria de la existencia se debilita y sin un proyecto para todos, Tous Frères abre un horizonte de sentido y de compromiso político para cada uno de nosotros.

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